
Me preguntaba hace un rato; si tuviéramos las respuestas a todas nuestras preguntas, ¿seriamos exactamente como solemos ser a diario?. Es de esperar una respuesta negativa; pero ¿Por qué?. El ser humano acostumbra desde sus inicios ha cuestionarlo todo, de otra forma no seriamos un ser con raciocinio; pero obviamente aquel punto… no necesita de mayor explicación; ya que todos sabemos que nuestro actuar, no depende de la razón, si no, de nuestros carentes y hasta en ocasiones, banales impulsos.
Hace ya, cuatro o cinco meses conocí a una persona, que en una de sus largas charlas me expuso la siguiente frase: “Los extremos son malos” ¿Que tan cierto es aquello? ¿Qué tan dependiente es el hombre de sus errores? ¿Qué tan animales somos? Preguntas y más preguntas… pero respuestas, hay muy pocas y es que como diría alguien por ahí:- “Ni la pregunta honra a su respuesta, ni la respuesta confía en su pregunta”. ¿Qué somos entonces? ¿Hijos de la verdad, o solo supuestos de esta? Lo más probable; es que en este desnutrido ensayo, jamás pueda exponer todas las respuestas, porque simplemente no las tengo. Porque cada vez que anhelamos encontrar una, no hacemos más que hallar siniestras preguntas; y es que somos seres dependientes, de nuestra inminente obsesión por querer saberlo todo, por querer encontrar siempre la forma correcta, por anhelar siempre avanzar sin equivocarnos y hacer de esta evolución en la vida, un resumido tramite. Es que lamentablemente no nos percatamos de los ínfimos detalles, que marcan la diferencia, y menos detenernos a observar más allá de nuestra turbia y egoísta existencia. ¿Qué somos? Reitero la pregunta… porque mientras más trato de buscarle solución a esa interrogante, más me decepciono de mi capacidad!! Una pregunta con dos palabras!! Es insólito.
Me arriesgo a creer a diario, que “somos el animal más inteligente”, pero, con 18 años vividos seria errante mantener aquella apreciación… Si sería correcto aseverar, que somos el único animal en el mundo que tropieza mil veces con la misma piedra; ¿Nos hace aquello considerarnos más sabio que nuestros semejantes? Creo que basta con echar un vistazo al mundo, para darnos cuenta que somos la especie más carente de razón, que somos solo la errante evolución de algo o alguien, que en algún minuto de la historia, solo se preocupo de sobrevivir; y que ahora, debe hacerse responsable de reglas, principios, morales y ética. ¿Es justo? Que tengamos que pagar la cuenta de un banquete que jamás nos servimos, es justo, que vivamos sometidos a lo que algunos consideren correcto, es justo que nuestra apariencia valga más que nuestro ser, es justo, que nos determinen por un nombre o apellido, es justo, que nos limiten a amar lo que para muchos es aborrecido, es ¿realmente justo? Respuestas es lo que hace mucho, busco insaciablemente, y solo encuentro más vacios, más piezas sin unir, más paisajes turbios que se asoman por el cristal. Solo encuentro la vaga pero poderosa necesidad, de comprender a esta especie, que deprisa marcha por las abusadoras masas, o sin piedad pisotea sus propios sueños, ha esa especie que abandona el amor y se endeuda en el profundo rencor, hipotecando la sonrisa, sobornando su alma y vendiendo la verdad al más siniestro ejecutivo: “LA MENTIRA”.
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